La vergüenza de ser psicólogo en España. Por Tania Evans

En la charla del pasado 16 de noviembre, cuando tras desalojar al grupo terrorista, pudimos disfrutar de la mesa redonda, me preguntaron qué proponían los colegios de psicólogos y los profesionales de la psicología para ayudar a los menores que están siendo explotados por sus propios progenitores. Sentí mucho no arrojar grandes esperanzas, pero ¿qué se puede decir cuando lo primero que ves al entrar en las webs de los colegios de psicólogos, es un gran lazo morado cubriendo su logo?

En nuestra práctica profesional, los psicólogos hemos de hablar siempre desde la ciencia, no desde la pseudociencia con “perspectiva de género” y, cuando expongamos ideas sin ningún estudio que las sostenga, hemos de dejarlo bien claro.

Nuestro código deontológico es firme. Algo que mis colegas de los psicosociales y chiringuitos variosobvian constantemente.

Me gustaría afirmar que la mayoría lo hacen de manera inconsciente fruto del lavado de cerebros que oprime las instituciones y que son solo unas pocas, las que utilizan su posición para fines espurios. Pero, lamentablemente, no es así.

A estos psicólogos, trabajadores sociales y “técnicos”, la mayoría mediocres e incompetentes a la vista de sus peritaciones y actuaciones, les ha tocado la lotería ya qué, poco podrían hacer en la “España que madruga”. A su incompetencia y mediocridad hemos de sumarle los sueldos desorbitados que reciben. Sueldos que pagan todos los españoles incluidos los hombres a los que arrebatan sus hijos, encarcelan y/o incitan al suicidio sumado a sus madres, hermanas, hijas, abuelas y nuevas parejas, que sufren viendo consumirse a los hombres que aman.

¿Cómo iban a estar dispuestos a renunciar a su gran pedazo del pastel que provee la Ideología de género?

Por muy “rico” que esté algo, si abusamos de ello, nos puede dar un buen dolor de tripas y, si está contaminado, puede terminar con nuestra vida. A ver si con un poco de suerte, este feminismo radical se fagocita a si mismo o muere de indigestión.

Si esto no sucede, el panorama es espeluznante.

Tengamos presente que estos profesionales de la incitación al falso testimonio y denuncia instrumental tienen las herramientas para entrenar en simulación a las mujeres que desean seguir mamando de la teta del exmarido y padre de sus vástagos. Y eso es, exactamente, lo que vienen haciendo con la ley en la mano.

Un profesional de la salud tiene la obligación de ser imparcial y no posicionarse a la hora de realizar tanto una pericial como una evaluación clínica en el ámbito de una consulta privada. Incumplir esa máxima significa poner en riesgo a su propio cliente o paciente, así como su credibilidad y la del colectivo al que representa.

Afortunadamente, también somos muchos los que no hemos sucumbido a la ponzoña “progre” y cada vez son mas, los que, tras morder la manzana de género, despiertan. No perdamos la esperanza, todavía hay profesionales (y responsables) de la salud éticos y, nuestros pequeños, los necesitan más que nunca.

Merecen un mundo mejor que el que estamos permitiendo por lo que, cueste lo que cueste, ¡sigamos alzando la voz!

Articulo publicado en El Correo de Madrid 

 

 

 

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para «permitir cookies» y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar» estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar