Señoras de Podemos, ¡he encontrado a “sus niños”! Por Tania Evans

Una tarde tranquila de sábado se ve interrumpida por los gritos desesperados de un hombre mayor ¡Socorro, policía, ayuda!

Con el corazón en la boca, porque no sabes que está sucediendo y por desgracia, hoy en día en España, hay una mayor probabilidad de que le estén dando una paliza en grupo a alguien, abres la ventana y gritas a tu vez, ¿qué sucede, donde se encuentra? mientras, a duras penas, el temblequeo de la mano te deja marcar el 091. Como puedes, das la información al policía que ha contestado velozmente a la llamada, aunque casi no es necesario porque el hombre grita tan fuerte y desesperado, que le escucha perfectamente al otro lado del teléfono. Parece ser que, “un grupo de personas”, ha entrado en su casa.

El hombre continúa pidiendo auxilio. Está tan alterado que no ha escuchado que ya viene la policía. No atisbo a ver dónde se encuentra para ir con él cuando, de repente, uno de “los niños de las de Podemos” hace su aparición con unas bolsas en la mano.

Escurridizo, se quiere escapar y ahí ya veo a los valientes: un señor mayor junto con otra señora, consiguen que no se vaya. ¡Olé por ellos! porque, sinceramente, cualquiera se enfrenta a estos “niños”. Niño en cuestión que tiene de niño lo que yo de feminista radical. Les increpa, les chulea y mientras me voy vistiendo como puedo, para bajar a ayudar porque me ha pillado todo en paños menores, casi me caigo por la ventana cuando veo como se dirige a la señora con el brazo en alto con intención de golpear. Le grito: ¡¡¡ehhhhhh déjala!!! mientras meto el brazo en la pernera del pantalón, pero, por fortuna, comienzan a salir otros vecinos y no la agrede. Pese a la gente que se incorpora, ¡no se amedrenta! Continúa arguyendo sobre sus motivos para estar en una casa ajena.

Escucho a alguien decir irónicamente: míralos, “nuestros niños” y veo de repente desfilar, a paso ligero, a cuatro o cinco más. Todos bien vestidos y peinaditos como el que sale de fiesta. Y me da tiempo a pensar: ver para creer; cuando era jovencita, para comprarme mi primer pantalón de marca tuve que cuidar a unos cuantos niños. Ahora, solo tienes que fingir que no entiendes el idioma, que no tienes tu documentación y que eres menor de edad y listo. Es maravilloso ver a qué se destinan los impuestos de los españoles.

Tragicomedia aparte.

Lo presenciado por la que suscribe es lo que, diariamente, sufren los vecinos que lindan con los centros de menores no acompañados. Aquellos que tanto adoraba Carmena y a los que Ayuso continúa dotando de presupuestos que, no necesariamente, se traducen en recursos.

Quieren hacernos creer que son artificios de la “ultraderecha” para que la sociedad tiemble ¡que viene, que viene! Cuando lo que nos ha de aterrorizar, es que avancen los que si, son expertos en fuegos artificiales propagandísticos: la socialdemocracia y el comunismo.

Mención especiala la rápida actuación policial.Han acudido diferentes patrullas y he podido escuchar también el helicóptero. Nuestros agentes saben bien lo que se “cuece” en las calles. Están hartos de detener a todos estos delincuentes y ver cómo, no han terminado de completar las diligencias y ya están en la calle. Por eso, como todo suma, no nos ha de dar pereza ni miedo, facilitar nuestros datos como testigos y apoyarles en su labor. Cosa que por supuesto, cuando he conseguido sacar el brazo de la pernera del pantalón y medio disfrazada bajar, he hecho.

Jesús Muñoz, mi ejemplo siempre de valentía ¡fuerza y honor!

Artículo publicado en El Correo de Madrid

 

 

 

 

 

 

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